3 cosas que podríamos aprender de los canadienses

Me encontraba en un viaje en Canadá. Tengo familia allá, entonces ir a visitar ha sido excusa para ir a recorrer ciudades canadienses, repletas de personas amables, pinos y cafés con deliciosos chocolates calientes.

Hacía unos años que no viajaba a este país. Y a los pocos días de haber llegado, las diferencias a nuestro país ya comenzaban a desconcertarme.

Más allá de las obvias: el clima, el idioma, la geografía, eran las diferencias de estilo de vida, de mentalidad, las que más cautivaban mi atención.

A continuación, enlistaré tres realidades que se viven en Canadá, de las cuales considero que podríamos aprender, o tan siquiera tener en la mira como algo que es posible, ya que ya ha brindado buenos resultados en otros países:

  1. La psicología es el pan de cada día. Me tocó ir a ver una obra de teatro llamada: “Dear Evan Hansen”. Por el título, había asumido que esta sería una típica chick-flick, el chavo conoce a la chava, etcetera, etcetera.

Sin embargo, tan solo con el primer acto, pude darme cuenta que esta historia se quedaría bastante atrás de una comedia romántica. Temas como el suicidio, crecimiento personal, bullying, conflictos familiares, comenzaron a surgir como los temas principales de la obra. Realmente el título (Dear Evan Hansen) se refería a una carta que el personaje principal (un chavo en prepa) había comenzado a escribirse a sí mismo como recomendación de su psicólogo. El auditorio estaba lleno, los aplausos no dejaban de sonar y las críticas de la obra la clasificaban como: “fenomenal”.

No es que en México no se practique la psicología, pero sí sigue siendo un tema taboo el ir con el psicólogo, hablar de emociones difíciles, entre otras actividades relacionadas con el cuidado de la salud mental. Y si no lo hablamos, ¿cómo vamos a avanzar en este aspecto?

 

  1. La igualdad hombre-mujer allá sí va en serio. Cuando una pareja queda embarazada, el gobierno le da a la mujer, por ley: 18 meses ¡¡!! de ausencia materna, pagados por el gobierno, según un porcentaje del sueldo que gana la persona. También, se le garantiza por ley a la madre, que, regresando de su ausencia de maternidad, la esperará su mismo puesto (o alguno similar) en la empresa donde trabajaba desde antes del embarazo.

Lo que me pareció aún más increíble es que, el gobierno está incentivando tanto la igualdad de género, que, en el caso de que el padre del recién nacido decida tomar una ausencia de paternidad para tomar cuidado de su bebé, y que en ese tiempo la madre regrese a su puesto de trabajo, el gobierno entonces incrementa en dos meses más la ausencia pagada. (Por así decirlo, en lugar de tener 18 meses si solo la madre toma la ausencia, al compartirla ahora tendrán 20 meses).

¡¿Ausencia de paternidad?! Lo sé, yo tampoco podía creerlo.

 

  1. La amabilidad de las personas canadienses en espacios públicos es de otro nivel. En algunos de los lugares donde comúnmente abunda el estrés y el mal humor, como por ejemplo en los aeropuertos o en los centros comerciales repletos, las sonrisas y los gestos de amabilidad sobresalían.

Vivir de manera consiente es, en mi opinión, todo un reto. Lo más fácil al salir del trabajo, de una junta demandante que no salió bien, podría ser explotar, hacer gestos, o simplemente responder de mal humor ante cualquiera que se atreva a cruzar nuestros (en esos momentos desdichados) caminos.

Toma de verdadera paciencia y esfuerzo el detenerse por unos momentos y pensar: “probablemente no soy el único que tuvo un día difícil hoy, definitivamente el responderle mal a los demás no ayudará en nada a nadie.” Y así, no permitir que las emociones nos manejen, si no al revés.

Estos tres, y muchos otros, son aspectos de los que los canadienses pueden ser todo un ejemplo a mi punto de vista.

En cuanto a el volumen de sus campañas ecológicas, la eficiencia en el aprovechamiento de los recursos del pueblo y su economía, hay mucho de donde aprenderles, aunque sea de a poquito.

Curiosamente, podría ser que de esta manera también otros queden sorprendidos de nuestra cultura al llegar a México:

La unión de las familias y de los amigos, la alegría en los festejos, la riqueza de la cultura.

En fin.