Percepción propia

“¿Hay algo de malo conmigo?”

Cruzaba por la mente de Brania. Ya había pasado una semana desde aquella primera cita, y él ya había dejado de mostrar interés. En el restaurante se había sentido segura. Él le había gustado y la plática había sido buena, al menos desde su punto de vista. Pero aún así, el incesante monólogo en su cabeza empezaba a tomar fuerza otra vez.

“Ay Brania, no le hubieras dicho que estás a favor de Trump.” “Si te hubieras comportado un poco más hard to get, probablemente así él seguiría mostrando interés.” “Ya es demasiado tarde, no encontrarás a alguien con quien compartir…” ¡¡¡¡Basta!!!!

Brania es una mujer inteligente y divertida. A pesar de esto, ni ella, ni nadie, es capaz de lograr una conexión profunda con todos y cada uno. (Si conoces a alguien que dice que lo haya logrado, por favor dime, que hasta ahora no conozco ni un solo caso)

Y en lugar de reconocer esto, se echa la culpa a sí misma, devaluándose cada vez más.

Afortunadamente, este monólogo, o “voz negativa”, solo puede tener validez si ella decide creer en lo que esta le dice. Pero entonces, ¿cómo decidir si lo que dice es cierto?

Llamemos “paciente A” a quien, en el intento de superar un problema alimenticio, decidió darle la oportunidad a un psicólogo, del cual recibió ayuda moderada, pero no la solución, y ahora afirma que este doctor es una “farsa”. Por otro lado, una pareja o “pacientes B”,  recientemente lograron evitar el divorcio, siendo guiados por el mismo psicólogo, quien tiene su especialidad en problemas maritales. Ellos ahora se refieren a él como “el mejor doctor”.

¿Cuál de estos pacientes ha logrado definir la realidad?

En nuestra cabeza, la manera en la que pensamos de nosotros mismos es subjetiva. Las experiencias que hemos tenido y los patrones mentales que hemos aprendido tienen una gran influencia sobre cómo decidiremos interpretar nuestro valor. A pesar de ser tener una extensa lista de fortalezas, de la A a la Z, aún así podríamos creer que no somos capaces o atractivos. Que, si alguien tiene una reacción negativa o indiferente hacia nosotros, seguramente somos nosotros los que estamos mal. Y así, como parte del círculo vicioso, seguir causando más inseguridad en nuestras acciones y propiciar aún más a estos pensamientos negativos.

Tomar cartas en el asunto sobre de qué elegimos creer es crucial para nuestro bienestar emocional.

Pero la voz negativa no se rendirá sin primero atacarnos con sus más astutas estrategias. Una de estas es aliarse a nuestros sentimientos, sacudiendo a aquellos miedos más profundos: el miedo de no ser amado y el miedo de ser abandonado que, en cantidades moderadas, tienen una razón de ser. Este es incitarnos a mantener un nivel sano de compañía, con el fin de asegurar la principal meta de nuestro cerebro: sobrevivir.

Como bien lo describe la pirámide de Maslow, tenemos diferentes tipos de necesidades. Cuando las que pretenden asegurar la sobrevivencia en su nivel básico, como el alimento, la seguridad física, el dormir, son continuamente satisfechas, el cerebro capta el mensaje de que ya puede enfocar sus energías en pasar al siguiente nivel: al de nuestras necesidades psicológicas.

Pirámide de jerarquía de necesidades de Abraham Maslow

Sin embargo, en esta jerarquía, el pertenecer y tener un círculo cercano de seres queridos va primero, o tiene mayor prioridad, que el amarnos a nosotros mismos.

Irónicamente, una persona que se ama sanamente, y que aprueba y defiende lo que es, tendrá mayores probabilidades de obtener el respeto genuino de los demás, y, por ende, de obtener un mayor balance en sus relaciones.

Pero el cerebro recurre a la funcionalidad. Si nos hemos acostumbrado a estos patrones mentales de auto crítica exagerada o de devaluación, respaldados por un miedo a no ser aprobados por el mundo exterior, muy probablemente seguiremos haciéndolo. A menos, de que decidamos optar por un cambio.

El cambio. Vaya que esta palabra trae a la superficie un montón de sentimientos. Principalmente: miedo. ¿Y qué si fracaso? ¿Qué si termino estando peor que ahora?

Algo que he aprendido es que cuando el cambio tiene una dirección de mejora, cada intento, aunque sea fallido, se convierte en un tablón colocado, uno tras otro, en el puente hacia el triunfo personal. Y que cuando logramos reconocer que hay esta brecha entre lo que sabemos que somos, y lo que nuestros sentimientos nos dicen ser, suena una campanita a lo lejos, indicando que es momento de cruzar. Hacia mejores y más sanos pensamientos.

Regresando a la vida de Brania, ya han transcurrido algunas semanas desde aquella cita. Ella ha aceptado más invitaciones y el monólogo sigue apareciendo, aunque por un arduo trabajo de mejora personal por parte de ella, a un menor nivel. “Vaya que he logrado un avance” pensaba ella por la mañana, “qué bien se siente el reconstruir el espejo de mi misma.” En los momentos que la voz negativa empieza a surgir, con todo su repertorio de insultos, ahora se detiene a preguntar: ¿estos pensamientos me definen? Si la respuesta es no, ya sabe qué hacer.

Meter todo el pie en el freno, detenerse, y pensar:

“Sé que hice lo mejor que pude en el momento. Yo me apruebo y me amo a mi misma. Si alguien no me aprueba o no me quiere, lo entenderé. No soy monedita de oro para estarle cayendo bien a todos.”

“Lo que soy es suficiente.”