¿Cómo se siente la vergüenza?

¿Te ha pasado que descubres a un autor nuevo y que de repente solo piensas/lees/investigas sobre él/ella?

Esto me pasó hace no mucho tiempo con Brenée Brown, quien ha dedicado su vida a hacer investigación sobre un tema demasiado recurrente pero muy poco mencionado: la vergüenza.

La vergüenza es un concepto comúnmente intercambiado con la culpa. Pero “Siento vergüenza” o “Siento culpa” tienen de fondo un mensaje bastante distinto.

Si se le pidiera a una persona que se está sintiendo culpable, que escriba en un papel lo que está cruzando por su mente, lo que escribiera podría asimilarse a lo siguiente:

“Lo que hice estuvo mal”.

Por otro lado, si se le pidiera lo mismo a una persona que está sintiendo vergüenza, lo que escribiera sería algo como:

“Soy malo”. O “soy un tonto”. O “soy un inútil”. O cualquier variación de algún insulto hacia uno mismo.

La diferencia clave está en que la culpa se centra en la acción realizada. La vergüenza se centra en la esencia de la persona.

Por esta diferencia clave, uno y otro sentimiento se experimentan de formas bastante distintas.

Se ha comprobado que sentir culpa puede resultar en que la persona se arrepienta de lo que hizo, y que se proponga a no volverlo a hacer. Curiosamente esto impulsa la mejora personal y el que no se repitan los mismos errores. Por ejemplo, al sentir culpa por haber dicho una mentira o por haber insultado a alguien, el pensamiento de la persona iría algo como “no debí haber dicho esa mentira” o “estuvo mal haber insultado a mi amigo”.

La vergüenza, es un sentimiento bastante diferente. La persona que está sintiendo vergüenza se está reprimiendo a sí misma. Los pensamientos que cruzan por su mente atacan a su valor y autoestima, y por lo mismo, las acciones y palabras consecuentes a este sentimiento no surgen del amor, si no del desamor propio.

Un ejemplo de la vergüenza es el siguiente:

Jaime decide que necesita unas vacaciones. Comienza a investigar sobre los posibles destinos, una playa le vendría bien. Su mamá nunca había sido partidaria de las vacaciones, “aún menos cuando las responsabilidades están en su máximo nivel” decía ella. Pero Jaime sabe en su interior que ha sido lo suficientemente responsable en el trabajo y que también es su propia responsabilidad el tomarse un descanso de ves en cuando. Unas horas después de empezar a buscar los posibles destinos, empieza a sentirse de mal humor e intenta empezar un conflicto con su esposa. En un intento por entender de dónde vienen estos altibajos, toma una hoja de papel y escribe lo que cruza por su mente: “no te vayas de vacaciones, eres un irresponsable”.

¿Pero realmente lo es?

 

Algunos sentimientos son aprendidos, pero pueden ser desaprendidos, especialmente cuando no nos están haciendo ningún bien.

De pequeños, aprendimos todo tipo de lecciones, incluso algunas que no decidimos tomar como nuestras. Al llegar a la edad adulta, se vuelve nuestra responsabilidad el decidir que sí creer qué es cierto y qué no.

Cambiar estos patrones toma de un esfuerzo activo. Si el sentimiento de vergüenza no concuerda con lo que dice la lógica, entonces es momento de cuestionar esos diálogos destructivos y de reemplazarlos por palabras de amor y aceptación a uno mismo. Como:

“Soy una buena persona.” “Merezco amor, mío y de los demás.” “A pesar de mis errores y fallas, me amo.”

Te deseo esto y más.

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