El “Checklist”

  1. Graduarme de prepa/carrera
  2. Encontrar a mi pareja (esta puede ir antes del #1, #3 o #4)
  3. Conseguir un buen trabajo
  4. Casarme
  5. Tener mi primer hijo
  6. Bautizarlo
  7. Meter a mi hijo a un buen colegio
  8. Etc.

 

Te la presento, esta es: el “checklist” o la lista de cosas por hacer en la vida.

Probablemente ya la conozcas y te encuentres en alguno de estos pasos. A lo mejor acabas de casarte o de tener tu primer hijo. Probablemente estés en un número más avanzado, como en el de tener nietos o bisnietos.

En fin, esta es conocida por ser una referencia infalible del “siguiente paso”. De lo que sigue o de lo que deberíamos de estar haciendo si es que ya hemos pasado por los números anteriores.

Habrá algunos que defiendan a la lista. A pesar de todo, lo que hace es iluminar un caminito señalado por generaciones anteriores, diciendo: “Si sigues estos pasos, sin saltarte o posponer alguno, serás feliz.” Y quizás me esté adelantando un poco en decir que esto no es más que una fabricación, y que la fuerza que mueve a esta lista no es la felicidad del individuo.

La fórmula puede variar según las ideologías de cada sociedad y típicamente también varía según si eres hombre o mujer. Por nombrar un ejemplo, en el 2011 la edad promedio del primer matrimonio en Japón de las mujeres fue a los 29 años y de los hombres fue a los 30 años. En Etiopía estos mismos datos, en el mismo año, fueron 17 y 23 respectivamente.

Eventos disruptivos como la legalidad del voto de la mujer o la venta comercial de anticonceptivos, podrán influir en el orden social/legal y por lo tanto, en agregar, eliminar o mover algunos pasos. Así poco a poco se va formando un estándar que, al ser seguido por la mayor cantidad de personas, maximiza la razón por la cuál los seres humanos nos hemos convertido en los reyes de la creación: la cultura. Llámese también nuestra capacidad crear grupos, que por su unión y fortaleza se convirtieron en sociedades y países. Estos involucran redes en forma de comercio, negocios, religiones, gobiernos que nos han permitido, como a ninguna otra especie, poner al bien común como prioridad y prácticamente dominar el planeta. El idioma, los comportamientos y los deseos en común son el pegamento que mantiene a los grupos colaborando de manera ordenada y organizada, que de otra manera probablemente se pelearían a muerte o se sentirían amenazados al tener tanta cercanía. ¿Imaginas 1,000 manadas de lobos dentro de un espacio restringido, por decir en un aeropuerto?

La masa que dirige todo esto, como director en obra de teatro, es la sobrevivencia y reproducción de la especie. Que nuestros genes sean transmitidos a la siguiente generación, en conjunto con los de aquella persona que consideremos más apta para esta tarea. Esto explicaría el por qué le damos tanta importancia al matrimonio, o por qué somos tan selectivos al escoger a nuestra pareja. Muchos de nuestros comportamientos inconscientes de poder, atracción, sexualidad son influenciados por estas programaciones mentales.

Pero los tiempos han cambiado. A través de la historia de la humanidad han surgido eventos que han puesto a la tecnología y a la razón por delante de los impulsos biológicos. Con métodos como la inseminación artificial, tener hijos ya no depende de tener una pareja. Encontrar grupos de personas que compartan intereses o preferencias similares a las nuestras, en espacios distintos a nuestro espacio físico próximo se ha vuelto viable y accesible con el Internet y las redes sociales. La comercialización de los anticonceptivos le da la opción a la mujer de enfocarse de tiempo completo a su vida profesional u otras actividades y de planear justo el momento en el que considere adecuado comenzar una familia. Y si es que el momento llega.

Sí, tener hijos nos puede dar significado, gratitud, amor. Tener un compromiso legal con una pareja nos puede dar seguridad, compañía, pertenencia. Pero en ambos casos los pasos de la lista fungen como medios para conseguir fines. ¿Y no será que podemos adecuar los medios? Nuestras necesidades: recibir amor, obtener seguridad, el sentido de autorrealización son lo que requerimos en conjunto y continuamente para obtener nuestro bienestar. Pero refiriéndonos a lo individual, a las características que definen a cada ser humano que ha tocado este planeta. Todos somos distintos. A pesar de ser de la misma familia o del mismo grupo de amigos, los deseos, talentos, circunstancias, personalidades pueden variar del cielo a la tierra. Y con ellos, el orden y las prioridades por tomar en el camino de la vida.

Termina la obra de teatro y se abre el telón. Lejos de la producción, los disfraces y las máscaras, se puede observar: no hay un checklist estandarizado. Las decisiones de qué hacer y de qué hacer primero las toma cada uno. La urgencia se encuentra en identificar a nuestro ser auténtico, a aquel que nos está esperando, escondido, pero no demasiado, pues es él quien tiene la llave de la felicidad.

El checklist es ser feliz.

Te deseo esto y más.

H