Sobre Escuchar a los Sentimientos

Hay personas que se encuentran en un estado mental óptimo de concentración, control propio, y en que en general, son capaces de disfrutar. Por otro lado, otros podrían sentirse continuamente estresados, con una nube interminable en la mente, teniendo dificultad para convivir cuando el momento se presente.

En muchas ocasiones, estos son la misma persona, solo que en diferentes momentos de su vida. La diferencia siendo el tiempo transcurrido, involucrando una importante ración de tropiezos/aprendizajes, mucho autoconocimiento y en particular, una continua racha de decisiones alineadas al propio bienestar.

Una herramienta clave en esta toma de decisiones, es el saber reconocer e identificar a nuestros sentimientos. Aunque estos en ocasiones son considerados como indeseables, por lo potentes y desagradables que pueden sentirse, generalmente lo que intentan es comunicarnos algún mensaje digno de ser escuchado.

En este proceso, juega su parte el tan nombrado subconsciente. Este, es esa entidad interna que, sin que nosotros racionalicemos lo que sucede en nuestros alrededores, está escondido como una camarita. Dentro de nosotros. Grabando y absorbiendo cada reacción, cada comportamiento, cada elección que tomemos.

A su vez, el subconsciente está ligado a los sentimientos. Estos son el policía. Cuando las cámaras captan algún movimiento que pueda dañar lo que juraron proteger, en este caso, a nosotros, entran en acción. A veces entran discretamente, otras veces, cuando ya han tenido suficiente injusticia y se inundan de coraje porque saben lo mucho que prosperaríamos sin los intrusos dañinos, entran tumbando la puerta, con metralleta en mano, listos para herir a cualquiera que se ponga en su contra.

Suenan como unos verdaderos héroes, ¿no?

El gran inconveniente es que, en ocasiones, decidimos decirles que se vayan, ahogándolos con adicciones, alcohol, sexo, trabajo, medicamentos o distracciones. Y aunque gritan, intentando comunicar que hay algo en nuestras vidas que nos hará daño (por una equivocada preconcepción propia o por amenaza externa), escogemos no escucharlos.

Los sentimientos son nuestros amigos, nuestros aliados. La ansiedad, la tristeza, el enojo, la frustración y el miedo tienen una función: protegernos. Guiarnos a ese camino, tan comúnmente oculto de la simple vista, que nos acercará a descubrir nuestros más profundos anhelos y necesidades.

¿Dónde está el truco? Como hay policías infiltrados, con intenciones que no están alineadas a los intereses genuinos del objeto, también hay sentimientos dañinos.

Algunos de estos son el ego, el aferrarse al pasado, la resistencia a lograr nuestro potencial, la vergüenza por ser auténticos o al ver por nosotros mismos, la culpa resultante de una falta de límites, la culpa por determinada preferencia sexual, la ilusión de que tenemos el derecho de agredir o lesionar a otros, entre otros.

Muchos de estos no son innatos, fueron adquiridos del exterior. Probablemente de nuestros padres, de la sociedad, o de alguna figura que tuvo influencia en nuestras vidas.

Sin embargo, el enojo, la ansiedad, la frustración son indicadores de que algo anda mal. Nuestro interior está gritando: “¡¡¡Oye!!! ¡¡¡Sí tú!!… ¡¡¡NO LO HAGAS!!!” o “¡¡¡CAMBIA!!!” o “¡¡¡HAZLO!!!”.

La clave está en aprender a escucharlos. A que en lugar de que les tapemos la boca y los ignoremos, quejándonos de ellos y enmascarándolos, los veamos de frente y les digamos, “Hola. Sí te escucho. ¿Qué me quieres decir?”

Es aquí cuando tomamos las mejores decisiones. Las que están orientadas hacia nuestros mejores intereses, y las que nos llevarán a tomar el mejor camino posible.

Para lograr esto, la terapia con un buen psiquiatra o psicólogo es conveniente y funcional. (Nota: Cada psicólogo tiene sus áreas de fortaleza y probablemente tome de varios intentos con el fin de dar con el indicado). También, escribir, meditar, estar en el momento y estar al pendiente de nosotros.

La creación es perfecta. Nacimos para ser felices. Los sentimientos son nuestra herramienta…Usémosla.